Me duele la cabeza aún más.
¿No quieres entender?
Pues no entiendas.
Es obvio para todos aquellos que aún ven personas y no reflejos.
Llega a casa y se vacía los yoes del bolsillo,
los ordena con paciencia sobre la mesilla de noche,
para que sea lo primero que vea al despertarse.
¡Qué mal educada soy!
Estás aquí y ni siquiera te he invitado a que te sientes.
Todo ésto es muy bonito, no sé si es la primera intimidad que hurgas.
¡Welcome to my brain, little friend!
Aquí como en casa -casa...-.
Como una vez leí: "una niña aún disfruta repitiendo las palabras en voz alta".
Ánimo.
Ensaya conmigo,
pero me temo que no queda mucho más que puedas llevarte a casa.
Al menos no entre estas palabras.
Sé,
al ego le gusta jugar a buenos y a malos,
porque así siempre puede ser la víctima, que es su papel favorito.
Añado: "a otra niña le gusta más hablar sola, fingir alguien la está escuchando (violando, hurgando, robando su frágil intimidad)".
Pero nadie la escucha en realidad,
así que rápido, cierra la ventana
-echa la persiana-
y hagamos como que
...
no has hecho nada.